Por Mireia Mullor (Fotogramas)

Dentro de aproximadamente 20 años, el planeta Tierra entrará en un colapso del que será imposible recuperarse. Hoy, quizás, aún estamos a tiempo de evitarlo. Así lo afirma con contundencia ‘Nuestro planeta’, la nueva serie documental de Netflix, que se erige como un feroz alegato en favor de la lucha contra el cambio climático y los devastadores efectos que está dejando en nuestros entornos naturales. Conducido por David Attenborough, toda una eminencia británica (y ganador de un Emmy por la miniserie ‘Planeta Azul II’ en 2017), este es un documento imprescindible, uno que debemos ver y escuchar hoy más que nunca. Se nos acaba el tiempo.

Desde el mundo submarino hasta la selva, pasando por desiertos, lagos y aguas costeras, la serie presenta una estrategia clara para conectar con el espectador y hacer llegar su moraleja final. A veces, de nada sirve hablar sólo de números, de toneladas de hielo derretidas en la Antártida o de contaminación sobre nuestras ciudades. A veces, la mejor manera de darnos cuenta del desastre que se está produciendo más allá de las carreteras de nuestras ciudades es mostrar a las víctimas con cara y ojos (y hocicos, y pezuñas, y aletas, y colmillos). Mostrar su inocencia, su belleza y la lenta degeneración de su calidad de vida. Y es que, ¿cómo mirarles a la cara después de ver que es nuestro irresponsable estilo de vida lo que les está condenando -a ellos y a nosotros mismos- a la extinción?

Especies que se reducen a la mitad, comida que ya no llega, rutinas que han de cambiarse para sobrevivir… ‘Nuestro planeta’ hace saltar las alarmas una vez más. Las conexiones del ciclo de la vida se están rompiendo. Los polos se están derritiendo, y se estima que para 2040 apenas quedará hielo en el océano durante los meses de verano. Al escuchar eso, vemos a un oso polar nadando en mitad del océano, sin apenas superficie sólida donde ponerse en pie. Su hogar se ha reducido en un 40% desde 1980. «El deshielo tendrá consecuencias devastadoras para todos los que aún dependen de él», advierte Attenborough, cuya voz es, a sus más de 90 años de edad, sinónimo de la vida en la naturaleza. El británico, que en tantos otros documentales ha logrado transmitir la magia del mundo que nos rodea, tiene aquí una voz diferente, cargada de culpa y preocupación.

Esos mismos sentimientos son los que la serie quiere transmitir al espectador. Y es necesario que así lo haga. Si vamos a ignorar el problema voluntariamente, al menos que tengamos claro de qué seremos culpables. Este no es otra ‘feel-good movie’ sobre animales cuquis y persecuciones de escándalo entre iguanas y serpientes, sino un manifiesto con un objetivo muy claro, que con suerte alcanzará cobertura internacional gracias a estar distribuido por Netflix. Por algo anuncian al final de cada episodio que entres en su web y veas un vídeo tan sumamente importante como este:

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