La forma en como se han dado la publicidad a su nueva cinta «Romper el círculo» ha mantenido las alertas a la forma en como la actriz ase relaciona con sus compañeros.
En Hollywood no existe cronología alguna y para bien o para mal sus actores, parafraseando a Annie Ernaux, sólo conocen la exaltación o el vilipendio. La última en experimentar la transición de lo primero a lo segundo ha sido Blake Lively, convertida en un pecio de las profundidades de internet tras la polémica que ha desatado la promoción de Romper el círculo, su última película.
La actriz estadounidense saltó a la fama interpretando a Serena Van der Woodsen en la serie Gossip Girl (2007) y, desde entonces, ha sido una de las grandes figuras en el mundo del entretenimiento. Íntima amiga de Taylor Swift y esposa del actor y productor Ryan Reynolds, Lively ha sido una de las actrices más queridas de Hollywood. O lo era, hasta ahora.
El estreno de su última película en Nueva York destapó las desavenencias entre Lively y Justin Baldoni, coprotagonista de Romper el círculo y director de la misma. Baldoni posó solo en los preestrenos, concedió entrevistas individuales y evitó aparecer junto al resto del elenco. Cuando los minuciosos fans repararon en que Lively y el resto del reparto no seguían a Baldoni en Instagram, los rumores comenzaron a circular.
En mitad de un huracán de sospechas, varios usuarios han escudriñado vídeos donde las diferencias entre las estrategias de marketing de ambos protagonistas son… desconcertantes.
Mientras Baldoni trató de sensibilizar al público sobre la violencia dentro de la pareja y facilitar información que podría resultar útil de cara a las situaciones de abuso, Lively centró la promoción en la temática floral -relacionada con el empleo de su personaje- y en dar a conocer sus propios proyectos de emprendimiento, lo que ha sido tachado como una frivolidad casquivana.
El filme, que se estrenó el pasado 9 de agosto, ha recaudado más de 100 millones de dólares a nivel global, superando en popularidad a Deadpool & Lobezno, la película que protagoniza Ryan Reynolds. El marido de la actriz ha tenido mucho que ver en la polémica ya que, según las fuentes de The Hollywood Reporter el contencioso Lively-Baldoni se remonta al proceso de post-producción de la película.
Además de interpretar a Lily Bloom, Lively desempeñó funciones como productora. Eso desató tensiones con Baldoni por «discrepancias creativas«, según indica THR. La revista estadounidense asegura que la actriz encomendó a Shae Reid, editor que trabajó con su marido en la película de superhéroes, un montaje distinto al que había realizado Baldoni. A día de hoy no se sabe cuál de los dos es el que figura finalmente en la película. También Reynolds injirió en el proceso. Sobre la alfombra roja neoyorkina, Blake desveló su participación: «Mi marido escribió la escena de la azotea, nadie lo sabe».
Para subsanar los rumores, Baldoni contrató a una agente de relaciones públicas especializada en comunicación de crisis. Durante las entrevistas que ha concedido, el director y protagonista del filme no se ha pronunciado sobre las rumoreadas tensiones.
En una entrevista con Entertainment Tonight en la que preguntaban al actor si dirigiría la secuela, este contestó esquivo: «Creo que Blake Lively está preparada para dirigir. Eso es lo que creo».
Mientras ambos actores se desenvuelven bajo la atentísima mirada de los usuarios de las redes sociales, una periodista afincada en Los Ángeles, Kjersti Flaa, ha publicado una entrevista con Blake Lively en 2016, cuando estrenó Café Society. El vídeo se titula La entrevista que hizo que quisiera dejar mi trabajo. «Felicidades por tu tripita», le dice la reportera, dado que la actriz acababa de anunciar su embarazo. «Felicidades por la tuya», le espeta Blake.
Desde entonces, el historial de faltas y asperezas por parte de la actriz hacia sus compañeros, fans y periodistas se ha reproducido por internet de forma viral. Blake Lively ha pasado de ser la novia de Estados Unidos a una arpía de manual o, en inglés, una mean girl.
El debate, pues, va más allá de una mala estrategia de comunicación. Mientras algunas publicaciones comienzan a usar el término cancelación, otras acusan la vuelta de un fenómeno similar al Hathahate, cuando internet detestaba a Anne Hathaway por todo (y por nada). Sin embargo, en el caso de Blake Lively, cuya carrera atraviesa horas bajas de forma insólita, a sus recién adquiridos detractores no parecen faltarles razones.
Texto original: La Nación


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