El éxito de la temporada pasada regresa con una explosiva segunda temporada
Noah Wyle lo ha vuelto a hacer. Resulta fascinante asistir a su exhibición de interpretación. Como un metrónomo, el protagonista de The Pitt aporta, en su justa medida, sutileza, amor, ira, firmeza, dolor, felicidad, desesperación, confianza en el ser humano… The Pitt funciona porque el director de orquesta funciona, porque Wyle ha interiorizado el carácter complejo de su personaje, el doctor Michael Robinavitch, Robby, el responsable del servicio de urgencias de un desbordado hospital de Pittsburgh. Ese Robby es digno heredero de su John Carter de la mítica Urgencias, eso sí, con una vuelta de tuerca narrativa —el tiempo en que transcurre la acción, un día por temporada, una hora por episodio— que obliga a una distinta construcción de los personajes. Lo mejor de lo visto de la segunda temporada de The Pitt (HBO ha puesto a disposición de la prensa los primeros nueve capítulos de los 15 que estarán disponibles en la plataforma en entregas semanales desde este jueves 8 de enero) es que mantiene el nivel del primer año; lo peor, es que repiten los mismos errores.

Urgencias nació de las vivencias de Michael Crichton como estudiante de Medicina. Así que cuando tres elementos clave de aquella serie, el productor R. Scott Gemmill (creador de The Pitt); su productor ejecutivo, John Wells; y su protagonista y también productor, director y guionista, Noah Wyle, se unieron en esta nueva versión de las series de médicos, la viuda de Crichton les demandó por los derechos de propiedad intelectual. Perdió, pero mucho de Urgencias sí se destila en The Pitt.
En su estreno, The Pitt aportó tensión, buena y cuidada producción, personajes interesantes y estupendo reparto al género de series de hospitales. La segunda temporada mantiene todos esos parámetros de calidad, aunque pierde el factor sorpresa del tiempo (cada episodio de 48 minutos, una hora de la vida de los personajes) y de la reacción de cada protagonista: ya sabemos cómo se van a comportar. Los nuevos estudiantes no suman mucha vidilla emocional a los que empezaron en urgencias en la primera oleada.
The Pitt devuelve un cariño por la humanidad, apuesta por lanzar un clarísimo mensaje político: la sanidad tiene que ser pública y universal, no puede depender de los seguros privados de los pacientes, ni los hospitales deben convertirse en negocios donde la banca siempre gana. Ese trasfondo social va más allá del espectador estadounidense para estallar de pleno en la conciencia de la audiencia española, que pensará en lo ocurrido con la crisis de los cribados en Andalucía o, en general, en la quironizada sanidad madrileña. Otro elemento radical para los tiempos trumpistas que sufrimos: la multinacionalidad y variedad étnica del personal sanitario (hasta los idiomas en que se comunican).
Uno de los personajes principales de la primera entrega ha desaparecido (tiene todo el sentido para el desarrollo dramático de Robbie); otro, que apenas asomó, toma ahora más peso (obviamente, porque si no, ¿qué hacía ahí un actor tan potente como Shawn Hatosy?). Aparece una nueva responsable de urgencias, la doctora Baran Al-Hashimi —a la que encarna otra actriz infravalorada, Sepideh Moafi—, que sirve para confrontar el comportamiento de Robby. The Pitt no defrauda: tele a la vieja usanza, dramática, bien hecha, eficaz, con corazón, que tensa su fórmula (series de médicos) sin romperla y, por tanto, pese a quien le pese, la mejor heredera de Urgencias.
Texto original: El País


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