La nueva serie de Netflix es sin lugar a duda un material para maratonear

Secuestros: Elizabeth Smart, el nuevo true crime de Netflix, toca terreno delicado. En especial, porque debe profundizar en un caso que conmovió a la opinión pública estadounidense y hasta cierto punto, la obsesionó, desde un territorio particular. El hecho de contar lo ocurrido, tomando en cuenta que la víctima sobrevivió y en la actualidad es una destacada activista contra la violencia contra las mujeres. Una combinación de factores, que hacen del documental una pieza de especial importancia y relevancia. 

True crime también alude a un fenómeno propio de la década de principios de siglo. La manera de narrar los crímenes contra menores a la manera de sucesos encadenados por un patrón: familias blancas, hogares acomodados, imágenes que encajaban con la idea de inocencia perdida. Mientras tanto, desapariciones y asesinatos de niños pertenecientes a minorías quedaban fuera del encuadre, invisibles en medio de los diversos escándalos mediáticos. Una circunstancia compleja que Secuestros: Elizabeth Smart analiza con cuidado y desde un ángulo incómodo. Eso, sin perder el foco del centro de su argumento. 

Un suceso terrorífico que replanteó la seguridad doméstica

El caso de Elizabeth Smart fue uno de los más difundidos de su tiempo y por sobradas razones. El 5 de junio de 2002, la joven fue secuestrada de su habitación en la casa de sus padres en Salt Lake City. Brian David Mitchell, un vagabundo que había llevado a cabo algunos trabajos menores para la familia, irrumpió en el domicilio y, amenazando a la adolescente de 14 años con un cuchillo, la obligó a salir. Después de allí la llevó a su casa en las afueras de la ciudad e insistió en que ambos habían contraído matrimonio según el rito mormón.

El documental se apoya en entrevistas actuales con Elizabeth, con su hermana menor Mary Katherine Smart y con su padre Ed Smart. Incluso, la ausencia de Lois Smart, la madre, es mencionada sin dramatización, como un dato que deja claro que el trasfondo del caso aún es complicado. Por lo que Sanderson no huye del impacto emocional, sino que explora en un escenario complejo con sensibilidad. Un punto esencial para comprender la importancia de la producción. 

El documental no intenta cerrar el trauma con moralejas fáciles. Deja claro que la recuperación no es lineal ni estética. Al mismo tiempo, evita el tono solemne excesivo. Un giro respetuoso que brinda a Secuestros: Elizabeth Smart una especial dimensión en su manera de profundizar en un crimen terrorífico que todavía causa conmoción. 

Fuente: El Financiero

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