La actriz se encuentra cómoda en el formato de series y es evidente el por qué
Scarpetta, la nueva serie de Prime Video, es mucho más que un procedimental de un caso por capítulo. Que lo es y sin disimular su origen en la larga tradición de programas semejantes en la televisión. No obstante, su mayor fortaleza es adaptar la compleja saga de novelas de Patricia Cornwell. Una rareza en el mundo literario que tiene como premisa un elemento escalofriante. Kay Scarpetta (Nicole Kidman) no solo examina cadáveres. Es también una experta en entender cada huella que la muerte deja a su paso para resolver crímenes.
Por lo que buena parte de los 8 capítulos de Scarpetta analizan la idea de un asesinato como algo más que una muerte. También es un conjunto de datos que pueden ser analizados, profundizados y comprendidos para revelar no solo lo que vivió la víctima en sus últimos minutos. A la vez, cada paso en falso del o los asesinos. Así que buena parte del éxito de la premisa (la misma que en la obra literaria) pasa por mostrar los procedimientos forenses como algo más que un método científico. Hacerlo más bien desde la óptica de que se trata del génesis mismo de cualquier investigación criminal.
Para eso, la historia se traslada a Virginia del Norte, donde Scarpetta retoma su cargo como jefa forense. No obstante, la hábil experta tiene un pasado complicado que provoca que su regreso después de un largo retiro no sea precisamente cálido. Además, lo hace con un homicidio reciente que despierta ecos de un asesino que ella ayudó a capturar décadas atrás. Un conflicto que convierte lo que parece una investigación de rutina en un proceso complejo. Más complicado todavía, en una exploración acerca del complicado pasado y el incierto presente de Kay.

En especial, cuando debe confiar en Marino (Bobby Cannavale), exdetective y cuñado, en medio de la investigación. Una figura singular que hace el trabajo de Scarpetta un poco más difícil, porque ambos comparten experiencias traumáticas que la serie utiliza como contexto. De hecho, el entorno familiar de Kay Scarpetta añade otra capa de interés a todo lo relacionado con el trabajo de la científica.
En especial, porque no es un refugio, sino más bien un campo minado emocional. Particularmente, cuando su hermana, Dorothy Scarpetta (Jamie Lee Curtis), aporta una energía impredecible, con un humor que corta la tensión y lo convierte en un enfrentamiento constante. No obstante, no se trata de un alivio cómico o algo semejante, sino de una percepción sobre los extraños códigos éticos y morales que comparten los Scarpetta.

De hecho, la serie tiene especial cuidado en analizar la idea sobre el bien y el mal, tanto fuera de la investigación de Kay como dentro de ella. Lo que lleva a una de las decisiones más arriesgadas de la producción: contar el presente y el futuro en paralelo. De modo que la trama alterna entre presente y pasado, mostrando versiones jóvenes de los personajes interpretadas por Rosy McEwan y Jake Cannavale. Este juego temporal no es un mero capricho, sino que está diseñado para revelar lentamente las grietas que definieron a Kay Scarpetta. Y cuando funciona, es gracias a que el guion profundiza con cuidado en las complejidades de su historia.
Mucho del éxito de esta combinación se encuentra en la capacidad de la serie para ser tanto una producción tradicional como otra que plantea preguntas inquietantes. Por lo que Scarpetta va desde la ética, la moral, el secreto profesional y la frialdad del talento, hasta la búsqueda del objetivo personal y la inteligencia artificial. Una combinación poco convencional que la convierte en uno de los grandes estrenos del año que ya puedes ver en Prime Video.
Fuente: Hipertextual


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